Salí corriendo a la calle. No me importó que se estuviera cayendo el cielo, gracias a la lluvia. Mis días habían terminado últimamente mal, y necesitaba un respiro. Descargar todo lo que tenía guardado hacía mucho tiempo atrás.
Me senté en el cordón de la vereda, y puse la cabeza dentro de mis brazos; me encerré. Ni siquiera intenté abrir los ojos, pero sabía que no estaba protegida de mis miedos.
Sentí un frío que me recorrió los pies, y llegó a mi espalda. Me hizo tiritar.
Saqué mi cabeza al exterior y limpié mi rostro mojado, gracias a las lágrimas que habían caído involuntariamente en mi rostro.
De repente sentí otro sonido, además del latido constante de mi frenético corazón. Le vi la sombra y levanté el rostro para que me mirara por primera vez como era. Torció el gesto y me extendió la mano. No quería llorar. No delante de él.
Tenía que soportar todo lo que estaba pasando. Tenía que ser fuerte y ganar ésta vez… pero no fue así.